El aceite de oliva es mucho más que un alimento: es un verdadero hilo conductor que ha unido a las civilizaciones mediterráneas durante miles de años. Desde la antigüedad, el olivo ha sido un pilar económico, culinario y cultural, y su fruto ha tenido múltiples usos que van más allá de la cocina. Además de ser base de la dieta, el aceite de oliva se ha empleado en cosmética, medicina y perfumería, así como combustible para la iluminación. Esta versatilidad le ha conferido un gran valor simbólico y práctico que lo vincula tanto a la vida cotidiana como a rituales y creencias.
Los orígenes de su cultivo se sitúan hacia el año 6000 a. C. en la región de Mesopotamia, desde donde se fue expandiendo progresivamente. Hay evidencias arqueológicas en el antiguo Egipto y Grecia. En la Península Ibérica se introduce por los fenicios hacia el año 1100 a. C. y los romanos impulsaron definitivamente su producción a partir del año 206 a. C. El aceite de oliva es el resultado de un largo proceso histórico de intercambio cultural y transmisión de conocimientos que ha moldeado el mundo mediterráneo hasta nuestros días.
El Ayuntamiento de Salou ha estado recuperando olivos centenarios y los ha integrado en el espacio público. De las variedades arbequina, fragua, morruda y rojal nace un aceite solidario, destinado a beneficio social y admitido por la DO Siurana, para mantener viva la tradición agrícola en Salou.