Desde la protohistoria y la época romana tenemos evidencias del cultivo de la viña en Salou. Durante la Edad Media y hasta finales del siglo XVII, el territorio estuvo poco habitado y escasamente aprovechado desde el punto de vista agrícola. Sin embargo, en el último cuarto del siglo XVII se impulsó una política de recuperación de tierras mediante la desecación de estanques, la limpieza de acequias y, sobre todo, la puesta en cultivo de nuevas tierras, con un claro predominio del viñedo, que llegó a ocupar casi el 80 % de la superficie cultivable.
La elección del viñedo no fue casual: se trata de un cultivo resistente, rentable incluso en suelos pobres.
Este proceso constituye un capítulo esencial del paisaje cultural histórico de Salou y la configuración de un modelo agrario que, durante los siglos XVIII y XIX, marcaría el espacio productivo de la zona. La implantación del viñedo estaba directamente vinculada a la demanda exterior de vinos y aguardientes, especialmente a lo largo del siglo XVIII. La proximidad del puerto de Salou favoreció una agricultura claramente especializada, en gran parte orientada a la exportación e integrada en los circuitos comerciales del Camp de Tarragona. Todo esto contribuyó a revalorizar y dinamizar el puerto de Salou para llegar a convertirse en uno de los principales puertos de Cataluña.
En Salou se había cultivado la viña (Vitis vinifera), principalmente con las variedades “Pàmpol Girat Negre” y “Escanyagós Blanc”, actualmente extinguidas. Después de una exhaustiva búsqueda, se han podido encontrar unos pies que sirven para recuperar estas variedades, totalmente adaptadas a suelos arenosos y arenales del territorio.
A partir de los años noventa, con la llegada de la especialización y mecanización agrícola, el cultivo de la viña experimentó un proceso de transformación. El sistema tradicional de plantación “en vaso” fue decayendo en favor del sistema mecanizado “emparrado”, lo que supuso que muchas de las tareas que antes se hacían manualmente pasaran a realizarse con maquinaria.
En el Pla de Maset, se ha plantado viña en sistema “en vaso”, para recuperar el sistema tradicional, y todas las tareas son manuales, como la prepoda, el despuntado, el despampanado y la vendimia. Algunas ventajas del sistema manual respecto al emparrado son el aumento de la aireación de la cepa, no es susceptible a tantas enfermedades, y la mejor calidad de la uva, por lo que también mejora la calidad del mosto o el vino.