1- ANTIGUO LLATZARET
El antiguo Llatzaret de Salou, construido en 1829, fue un edificio destinado a poner en cuarentena a los barcos para evitar epidemias. Se ubicó en Els Pilons, entre las playas de Llevant y Capellans, en un momento en el que Salou era un puerto clave del comercio marítimo en el sur de Cataluña.
En 1806, la Junta de Fortificación y Defensa del Reino aprobó la construcción de una batería de costa para proteger el puerto de Salou. El proyecto, firmado por el jefe de ingenieros Agustín de Betancourt, contemplaba una pequeña fortificación con artillería orientada hacia la bahía, que no llegó a finalizarse.
El antiguo Llatzaret de Salou fue construido en 1829 con el objetivo de proteger a las poblaciones costeras y al resto del país de posibles epidemias. En un momento en el que las enfermedades contagiosas se transmitían rápidamente por el tráfico marítimo, este edificio fue esencial para controlar la llegada de barcos.
La necesidad de un Llatzaret en Salou fue propuesta por la Junta Superior de Sanidad de Cataluña, la Junta Municipal de Vila-seca y el Puerto de Salou. Estas instituciones destacaron la importancia de contar con una infraestructura donde los barcos susceptibles de transmitir enfermedades pudieran cumplir la cuarentena obligatoria.
El lugar elegido para su construcción fue Els Pilons, entre la playa de Llevant y la de Capellans, con fácil acceso al mar. Se edificó en 1829 y se destinó un médico en 1830, marcando así el inicio de su operativa como lugar de cuarentena.
Los buques que llegaban al puerto eran inspeccionados para detectar posibles casos de enfermedad entre tripulantes, pasajeros o mercancías, especialmente aquellas como trigo, arroz o pimienta, que ya habían demostrado ser peligrosas, como en 1650, cuando trajeron la peste a la zona.
Gracias a sus puertos naturales, Salou destacó históricamente como un centro neurálgico del comercio marítimo. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII se consolidó como el principal puerto comercial del sur de Cataluña, actuando como puerto de exportación de
los productos generados en el Baix Camp, especialmente el aguardiente. Este papel central provocó tensiones con Tarragona, que aspiraba a monopolizar la actividad portuaria.
Con la construcción del faro del Cap de Salou en 1858, la actividad comercial marítima se centralizó definitivamente en el puerto de Tarragona. El Llatzaret apenas llegó a funcionar debido a las tensiones políticas y comerciales, quedando en desuso y abandonándose poco después. El edificio fue subastado a finales del siglo XIX, poniendo fin a la larga tradición comercial marítima de Salou.
2- TORRE NOVA
La Torre Nova, construida en el siglo XVII dentro del plan real de fortificación de Carlos II, protegía los accesos marítimos a la bahía de Salou. Con planta hexagonal y batería de cañones, servía para vigilar el litoral y enlazar con otros puntos defensivos. Derribada en los años sesenta por la presión urbanística, hoy solo se conservan vestigios y documentación gráfica.
Durante los siglos XVI y XVII, la costa catalana vivía en alerta constante ante las incursiones de piratas procedentes del norte de África. Como respuesta, se desplegó una red de torres de vigilancia y defensa a lo largo del litoral, construidas para vigilar el mar, alertar a la población y ofrecer resistencia armada.
La Torre Nueva fue levantada durante la segunda mitad del siglo XVII, como parte de un plan real de fortificación impulsado durante el reinado de Carlos II y María de Austria, sustituyendo una antigua fortaleza destruida en 1649. El nuevo edificio tenía la misión de proteger un punto estratégico del litoral y controlar los accesos marítimos a la bahía de Salou, una zona especialmente vulnerable e interesante por su condición de puerto natural.
De planta hexagonal, una tipología poco frecuente, la torre presentaba un talud exterior que reforzaba su resistencia a los ataques. El interior se distribuía en varios niveles: en la planta baja se encontraba una cisterna para almacenar agua y un espacio para alojar a los soldados; en la planta superior, una sala de mando, almacén de pólvora y una pequeña plataforma de artillería en la cubierta. Al pie de la torre se habilitó una batería con cuatro piezas de cañón que permitían cubrir el entorno próximo en caso de desembarco enemigo.
Su ubicación privilegiada permitía la vigilancia visual del litoral y la conexión con otros puntos defensivos como la Torre Vieja. Además, formaba parte del recorrido del Camino de Ronda, una línea costera de patrullaje utilizada por las guarniciones militares.
Pese a su importancia histórica y arquitectónica, la Torre Nueva fue derribada durante los años 60 del siglo XX, debido a la presión urbanística derivada del crecimiento turístico de Cap Salou. Hoy en día solo se conservan algunos vestigios integrados en edificaciones privadas y documentación gráfica como planos y fotografías. Estos testimonios permiten reivindicar el papel de esta construcción dentro del sistema de defensa del litoral de Salou en época moderna.
3- NIDO DE AMETRALLADORAS DE PORROIG
Durante la Guerra Civil, el temor a desembarcos franquistas impulsó la construcción de fortificaciones en el litoral de Salou. El nido de ametralladoras del Porroig, levantado sobre la roca con galerías subterráneas y dos cámaras circulares, es uno de los pocos que se conservan y destaca por su singularidad en Cataluña.
En julio de 1936 se iniciaba una insurrección militar con el objetivo de derrocar al gobierno de la República. El golpe fracasó en buena parte del territorio, provocando una división entre el bando republicano y el sublevado, encabezado por Franco. Esta fractura dio paso a una guerra larga y devastadora que duraría casi tres años.
El temor a desembarcos franquistas en la costa desplegó un plan de vigilancia y defensa litoral que implicaba la construcción de trincheras, baterías de cañones y nidos de ametralladoras a lo largo de la costa.
Salou, por su posición estratégica, se convirtió en un punto clave, donde el mando de Medrano construyó diversas fortificaciones preparadas para generar fuego cruzado y cubrir puntos de acceso por mar y tierra.
El nido de ametralladoras de Porroig es uno de los pocos que se conservan y uno de los más singulares. Construido directamente sobre la roca y formado por muros de ladrillo y galerías subterráneas de hormigón, conecta dos cámaras de fuego y una sala de munición. Cada cámara o nido presenta una morfología circular, poco habitual en Cataluña, comparable a los de Blanes o Mont-roig. Cada una cuenta con tres aspilleras: una frontal y dos laterales, orientadas para cubrir un amplio sector costero, desde el sureste hasta el suroeste.
4- SUBMARINOS
Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) algunos submarinos alemanes efectuaron ataques en el litoral mediterráneo de la península ibérica, llegando noticias de ataques cercanos a Salou en 1916. España era un país neutral, sin intervención en la guerra; sus aguas estaban excluidas del conflicto hasta las tres millas (unos cinco kilómetros y medio), circunstancia que aprovechaban los buques mercantes para viajar bajo protección, sorteando los peligros al navegar pegados a la costa. Los submarinos alemanes vigilaban los límites de las aguas internacionales, esperando en aquellos puntos donde las naves los invadían. El Golfo de Sant Jordi, comprendido entre el Cabo de Salou y el de Tortosa, era uno de estos lugares: las embarcaciones preferían ir directamente de un cabo al otro sin bordear la costa, entrando así en aguas sin protección y sufriendo ataques de los submarinos.
En nuestras costas tuvimos la presencia de tres submarinos alemanes del modelo U-boat: el U-34, el U-35 y el U-64, con un total de 10 hundimientos documentados en el golfo entre 1916 y 1917. Buscaban hundir los buques mercantes que transportaban suministros a sus enemigos. Los avisaban mediante una sirena y cañonazos para detenerlos y exigir su documentación; si pertenecían al bando contrario, concedían un tiempo de cortesía para abandonar la nave y luego la hundían. Aunque no siempre se salvaba la tripulación: si intentaban huir o atacar, eran cañoneados o torpedeados sin contemplaciones. Algunos marineros que abandonaban los barcos llegaron a las costas de Salou, así como también algunas de sus víctimas mortales.
El U-35 fue el que actuó más cerca, hasta el punto de poder observar y escuchar su actividad desde Salou. Este temible submarino es una leyenda dentro del mundo bélico, siendo el que más barcos ha hundido en toda la historia, con más de 200 registrados. El 18 de febrero de 1917 atacó cuatro buques mercantes, hundiendo el Skogland, el Guido
y el Giuseppe. Este último intentó huir y recibió un cañonazo que acabó con la vida de un joven carbonero de 17 años e hirió gravemente a otro tripulante. El Janeta logró escapar, refugiándose en el Cabo de Salou y llegando rápidamente al puerto de Tarragona, con un cañón humeante que había utilizado en su defensa.
Durante la Guerra Civil Española, las costas catalanas presenciaron la actividad de submarinos italianos. El bando sublevado, con estrechas relaciones con el gobierno italiano, utilizó estos sumergibles para patrullar las aguas con el objetivo de interrumpir el tráfico de armas, tropas y, sobre todo, combustible por parte de los republicanos. Inicialmente comandados por tripulaciones italianas, estos submarinos empezaron progresivamente a ser dirigidos por marineros españoles, lo que mejoró su eficacia gracias al conocimiento detallado de la zona y de los objetivos. Con el tiempo, el bando sublevado adquirió los sumergibles para operarlos de manera independiente.
Los submarinos tuvieron un impacto limitado en las aguas de Salou y alrededores, principalmente debido a las defensas costeras, como los nidos de ametralladoras, las baterías del Cabo de Salou y el aeródromo de La Pineda, que aseguraban una respuesta rápida y dificultaban las operaciones de los sumergibles, obligados a permanecer bajo el agua para evitar ser localizados y atacados por la aviación. Esto provocaba ataques precipitados sobre los buques, con torpedos que fallaban y delataban su posición, llegando incluso a impactar contra las costas o contra el espigón de Tarragona.
Además, el sistema de identificación que utilizaban los submarinos demostró ser poco eficaz. Se basaba en fichas con los perfiles de las embarcaciones objetivo, nombre y color, lo que llevó a que muchos barcos modificaran su apariencia para evitar ser reconocidos. La población local también participó en esta lucha marítima, vigilando las aguas cercanas a los puertos con los pesqueros, que no eran considerados objetivos militares.
El Jalea, el Tonicelli, el Ferraris, el Onice, el General Mola II y el General Sanjurjo fueron los sumergibles que vigilaron nuestra costa sin conseguir hundir ninguna embarcación.
5- FORTALEZA VIEJA
Durante los siglos XVI y XVII, la costa catalana vivía bajo la amenaza constante de la piratería y las incursiones marítimas. Los puertos naturales como el de Salou, bien protegidos del viento y con acceso directo al interior del territorio, se convertían en espacios estratégicos tanto para el comercio como para la defensa. Esta vulnerabilidad costera, especialmente acusada en el sur de Cataluña, llevó a las autoridades a reforzar la vigilancia y levantar sistemas defensivos para proteger las poblaciones, los barcos y las mercancías.
En este contexto se enmarca la construcción de una fortificación en el Cabo de Salou, en la zona conocida como Punta del Porroig. Según fuentes documentales y tradición local, esta fortaleza se alzó hacia mediados del siglo XVI, durante el reinado de Carlos V. El objetivo era claro: frenar los ataques de corsarios procedentes del norte de África y de las flotas enemigas que merodeaban por el Mediterráneo occidental. El recinto militar habría contado con guarnición permanente y artillería, ocupando un punto privilegiado para el control visual de la bahía y de los accesos marítimos al puerto.
La construcción se mantuvo activa durante décadas y aparece representada en mapas y grabados de la época como una estructura destacada del litoral salouense. En 1660, el conocido ingeniero militar Caballero de Beaulieu ya representaba en sus planos una fortificación abaluartada en el mismo lugar, confirmando su relevancia estratégica.
En 1641, en plena Guerra de los Segadores, las tropas realistas comandadas por el general Juan de Garay ocuparon Salou, que hasta entonces había estado controlado por las fuerzas catalano-francesas. Años más tarde, en 1649, y en el marco del asedio de Tarragona, Garay ordenó el derribo de las fortificaciones de Salou para evitar que volvieran a ser utilizadas como punto de resistencia. La ciudadela o fortaleza del Cabo de Salou fue desmantelada casi en su totalidad, quedando en pie únicamente la puerta de acceso y parte del muro occidental.
Pese a su destrucción, la memoria de la fortaleza se mantuvo viva. A lo largo del siglo XVIII, diversos planos militares continuaban indicándola como "Fortaleza Vieja", e incluso se proyectó la construcción de un nuevo castillo con dos cañones sobre sus restos. Este proyecto, probablemente no ejecutado, muestra cómo el lugar seguía siendo considerado de gran valor defensivo.
Hoy en día, no queda resto visible de esta fortificación en el Cabo de Salou. Sin embargo, los testimonios documentales, los mapas antiguos y la topografía del lugar permiten reconstruir su historia y entender la función que tuvo durante casi dos siglos. La Punta del Porroig no solo ofrece una panorámica espectacular del litoral, sino que guarda en silencio el recuerdo de una estructura militar concebida para defender el país desde el mar.
La Fortaleza Vieja forma parte del patrimonio histórico de Salou y es un ejemplo del papel activo que este territorio tuvo en los grandes conflictos que marcaron la historia moderna de Cataluña.