Submarinos

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El enemigo invisible

Durante la Primera Guerra Mundial (1914‑1918), algunos submarinos alemanes llevaron a cabo ataques en el litoral mediterráneo de la península Ibérica, y en 1916 llegaron noticias de ataques en las proximidades de Salou.

España era un país neutral, sin intervención en la guerra, y sus aguas quedaban excluidas del conflicto hasta el límite de las tres millas náuticas, circunstancia que aprovechaban los buques mercantes para navegar bajo protección, evitando los peligros de las aguas internacionales. Los submarinos alemanes vigilaban los límites de dichas aguas, aguardando en los puntos donde los barcos mercantes las sobrepasaban. El golfo de Sant Jordi, comprendido entre el cabo de Salou y el de Tortosa, era uno de estos lugares. Los buques mercantes se arriesgaban a navegar directamente de un cabo a otro sin bordear la costa, adentrándose con frecuencia en aguas sin protección y sufriendo ataques de los submarinos alemanes.

En nuestras costas se documenta la presencia de tres submarinos alemanes del modelo U‑boat: el U‑34, el U‑35 y el U‑64. La actividad bélica queda acreditada por el hundimiento, en el golfo de Sant Jordi, de al menos diez buques entre los años 1916 y 1917.

Los ataques se dirigían contra buques mercantes que transportaban suministros a las potencias beligerantes enemigas de Alemania. El modus operandi consistía, una vez localizado un buque susceptible de prestar servicio a un país enemigo, en avisarlo mediante sirena y disparos de cañón con el objetivo de que se detuviera; se le exigía la documentación y, si se verificaba que pertenecía al bando contrario, se concedía un tiempo de cortesía a la tripulación para abandonar la nave antes de hundirla.

No siempre se lograba salvar a la tripulación. Si ésta intentaba huir o atacar, el buque era cañoneado o torpedeado sin contemplaciones. Algunos de los marineros que abandonaban las naves alcanzaron las playas de Salou, al igual que algunas de sus víctimas mortales.

 

 

El U-35 de Lothar von Arnauld de la Perière 

El U‑35 fue el submarino más temido de su tiempo, y desde Salou se pudo observar y escuchar su actividad. Este temible sumergible es una leyenda en la historia bélica, ya que fue el submarino que hundió mayor número de barcos en toda la historia, con más de 200 registrados.

El 18 de febrero de 1917 atacó cuatro buques mercantes: el Skogland, el Guido y el Giuseppe, que intentó huir y recibió un disparo de cañón que acabó con la vida de un joven carbonero de 17 años y causó heridas graves a otro tripulante. El último barco fue el Janeta, que logró escapar refugiándose en el cabo de Salou y alcanzando rápidamente el puerto de Tarragona, con un cañón humeante que había utilizado en su defensa.

 Submarino alemán SM U.35 atracado en el buque mercante Roma en el puerto de Cartagena, 21 de junio de 1916. Fuente: Wikimedia Commons (dominio público)

Submarino alemán SM U-35 atracado en el buque mercante Roma en el puerto de Cartagena, 21 de junio de 1916. Fuente: Wikimedia Commons (dominio público).

 

La Guerra Civil española (1936‑1939)

Durante la Guerra Civil española, las costas catalanas fueron escenario de la actividad de submarinos italianos. El bando sublevado, con estrechas relaciones con el gobierno italiano, utilizó estos sumergibles para patrullar las aguas con el objetivo de interceptar el tráfico de armas, tropas y, especialmente, combustible destinado a las fuerzas republicanas.

Inicialmente tripulados por dotaciones italianas, estos submarinos fueron pasando progresivamente a manos de marinos españoles, lo que incrementó su eficacia gracias al conocimiento detallado de la zona y de los objetivos. Con el tiempo, el bando sublevado adquirió los sumergibles para operarlos de forma independiente.

La actividad de los submarinos tuvo un impacto limitado en las aguas de Salou y su entorno, principalmente debido a las defensas costeras, que permitían una rápida respuesta y la emisión de alertas a las poblaciones vecinas. En consecuencia, en ocasiones realizaron ataques fallidos que delataban su posición.

Además, el sistema de identificación empleado por los sumergibles se mostró poco eficaz: se basaba en fichas con el perfil de las embarcaciones objetivo, incluyendo nombre y color, lo que provocó que muchos buques modificaran su apariencia para evitar ser reconocidos.

La población local también participó en esta vigilancia marítima, observando las aguas próximas a los puertos desde barcas de pesca, que no eran consideradas objetivos militares.

Los submarinos Jalea, Tonicelli, Ferraris, Onice, General Mola II y General Sanjurjo patrullaron la costa de Salou sin lograr hundir ninguna embarcación. El General Sanjurjo llevó a cabo importantes misiones de reconocimiento, entre ellas la localización de defensas costeras como nidos de ametralladoras y baterías, con el objetivo de cartografiar el tramo comprendido entre el cabo de Salou y el de Tortosa. Se pretendía identificar puntos estratégicos con menor protección para posibles desembarcos futuros.

 

Para saber más

 

Castellví, Josep M. y Guarro, Josep (2005). La guerra secreta del Mediterráneo: submarinos alemanes y barcos aliados en la costa de Tarragona (1914‑1918). Pagès Editors.

Cirera Saló, Maite. “La guerra civil en Salou”, en Estudis de Salou, 1. Recull (1996), págs. 29–44.

González Huix, Francisco J. (1995). El puerto y la mar de Tarragona durante la Guerra Civil, 1936‑1939. Institut d’Estudis Tarraconenses Ramon Berenguer IV, Diputación de Tarragona.